Las alturas del éxito (Planinec 2)

Las alturas del éxito (Planinec 2)

En 1971, después del Torneo de la Solidaridad celebrado en Skopje, donde compartió la 2ª y 3ª plaza con su amigo Velimirovic y obtuvo la segunda “norma” de Gran Maestro y la FIDE le concedió el título de Gran Maestro Internacional. Recordemos que, en el I Memorial Vidmar de 1969, la puntuación conseguida por Planinc hubiera sido suficiente para obtener el título de Gran Maestro, pero las reglas de la F.I.D.E. habían cambiado y ahora era necesario cumplir con más requisitos para el título.

 albinplaninc

Al año siguiente jugó tres torneos en su país, y  saliendo de sus fronteras solamente a Varna (Bulgaria), cerca de la costa del Mar Negro, gano el torneo con un gran resultado, siete victorias y siete empates de las catorce partidas disputadas una nueva gran actuación que le abrió las puertas al Torneo de Mar del Plata en el que participó durante los meses de marzo y abril, pero allí a pesar de las partidas jugadas y la brillantez de su juego sólo logró para las estadísticas un aceptable 8.5 de 15 posibles aunque no respetó mucho a las figuras Argentinas, ya que venció a Najdorf, a Pilnik que para todos nosotros era un Argentino mas, a pesar de sus cinco pasaportes, y a la figura que poco tiempo después lograría el título de Gran Maestro, Miguel Ángel Quinteros, perdió también para las estadísticas con un desconocido, el Campeón Marplatense Victor Brond, aunque este era un jugador con una gran preparación teórica, tenacidad y formación ajedrecística, que demostraría algunos años después ganando el magistral de Mar del Plata, ya no tan fuerte como en estas ediciones pero delante de los grandes jugadores del país su talento, a pesar de no ser un jugador profesional.

    De los restantes Torneos que contaron con su presencia en este año de 1971, no puedo olvidarme del de Vrsac, que ganara Mecking.

 El camino al título de Gran Maestro había comenzado, había demostrado ya un gran talento e imaginación, en el momento que entraba en la partida parecía que su mundo cambiaba, se transformaba en una persona distinta a la de su aspecto, creativo, el mundo parecía estar lleno de color, su imagen alta gris y desgarbada, era completamente diferente y todos seguíamos sus partidas llenas de energía, con total interés y tratando de descubrir que caminos elegiría para dar con las combinaciones.

Pero también su entrada en las competiciones internacionales dejó ver desde el principio grandes lagunas en él, la formación ajedrecística no estaba a la altura de sus condiciones, iba muy por detrás y podía ganarle y ganaba al ganador del torneo pero de pronto perdía con jugadores que en principio podían tener un nivel bastante inferior al suyo ya sea por juego como por imaginación, ante el tablero nos fuimos dando cuenta a medida que íbamos adquiriendo fuerza que el “deambulaba” algunas veces sin ver el peligro o la realidad de la posición, pero también es cierto se vió con mas claridad, en la última etapa de competición que tuvo, tenía su propio mundo fantástico muchas veces maravilloso para nuestra vista y muchas veces incomprensible, los críticos honestos del mundo del ajedrez que disfrutaban de su juego muchas veces, solían decir que su imaginación era demasiado alta para una clasificación tan baja y lamentablemente esto se mantuvo durante toda su carrera.

“Era muy tranquilo, callado, poco comunicativo, así que mucha gente lo miraba como a un extraño”, escribía Georg Mohr (Gran Maestro Esloveno, nacido en 1965, jugador, entrenador y organizador) que le conoció personalmente. Fumaba muy poco y se puede decir que prácticamente no probaba el alcohol. Fue un lector empedernido y procuró conseguir por este medio, la formación que no pudo alcanzar en la escuela, esto recuerda mucho la última época de Fischer en Islandia, rodeado de libros. Se hizo a sí mismo un intelectual con amplias inquietudes y podía sostener una conversación sobre cualquier asunto de interés, con la gente cercana, ya que con los demás era alguien al que le costaba crear empatía y relaciones.

En el ajedrez se hizo a sí mismo. En el tiempo en que aparecía el Informator ajedrecístico, la teoría comenzaba de despegar, y estaba al alcance de todos, se publicaban las principales partidas del semestre, analizadas por los propios jugadores o por maestros, el trabajaba sólo, rechazaba el aprendizaje complementario por este medio como la mayoría de los maestros contemporáneos, y seguía aferrado a sus libros, sin ver las ideas que estaban empezando a cambiar en el mundo del ajedrez, por eso muchas veces debía enfrentarse con problemas ya resueltos o preparaciones ya publicadas. No se puede dejar de citar la opinión de Gligoric al respecto “A pesar de que existe un sistema internacional de información sobre el ajedrez  altamente desarrollado, él (Planinc) rechaza leer el Informador de Ajedrez y permanece apegado a sus viejos libros, considerando casi como un sagrado deber no jugar lo que juegan los demás”. El mundo cambiaba en el ajedrez y el iba quedando fuera, las ideas se transformaban y el seguía obstinado en las suyas sin confrontarlas, fuera del tablero en el trabajo de preparación. Por eso también cuesta entender cuando muchos hablan de la debilidad de su carácter en el futuro…

La sorpresa de Ljubliana, 1969 cambió la vida de Albin Planinec. Dejó el empleo en la fábrica de bicicletas y se hizo profesional del ajedrez. Su talento finalmente pudo expresarse por medio de su pasión que eran las 64 casillas, Los siguientes años viajó por el mundo entero y participó en multitud de torneos, seguramente vivía y disfrutaba de cada momento de sus partidas, por los años en los que la competición y su arte estuvieron dormidos detrás de un trabajo, para él, gris y monótono. No le acompañaron con la debida frecuencia los éxitos deportivos; pero, un ajedrecista no es solo un resultado deportivo y las partidas son la forma de expresión, cuando se logra vivir de lo que uno hace, uno hace también lo que le gusta y siente.

 Su juego emocionaba a los espectadores que  asistían a las salas del torneo y no dejaban de fijar su vista en sus partidas, pero, sin duda el más emocionado era el mismo, ahora vivía de su pasión.

Tal vez esto sea el renacer y la destrucción al mismo tiempo, por un lado toda su vida ahora es su arte y por otro lado, no hay mas vida que el propio arte, mantener ese término medio entre lo artístico y el mundo real, es lo que permite el equilibrio mental, para poder de pronto, tener una vida aparte del tablero, o aparte de cualquier actividad artística.

El ajedrez tiene también un factor de desequilibrio emocional, que no entra en contradicción con lo que he dicho anteriormente, ya que no podemos mantenernos al margen completamente de toda realidad, y esta en la competición, es el resultado, Es lo mismo que a un Van Gogh o a un Dalí darle nota por cada cuadro que pinta y dependiendo de esa nota, lo que puede cobrar o no, o si tiene derecho o no, a poder seguir compitiendo con otros pintores en el futuro, para poder vivir, por otra parte el tiempo de reflexión, tu obra debe hacerse en un tiempo determinado, lo mismo que decirle a un artista que debe pintar en cuatro horas algo y que eso tiene que ser mejor que la su oponente en la tela que está a su lado…si bien hay diferencia y matices que todo el mundo puede encontrar, así se vive el resultado, así debe vivir un ajedrecista el resultado que significan invitaciones, por eso cuando uno termina la partida, algunas veces incluso brillante, que pudo haber jugado y ha perdido por el tiempo, o el factor tiempo ha impedido encontrar la maniobra que hubiera significado otro resultado, todo esto puede ser devastante para un jugador que necesita eso para su vida, para continuar con su pasión, a esto se ha sumado hoy día el cambio de ritmo de juego, con apuros de tiempo potencialmente infinitos, lo que significa un desgaste para el sistema nervioso del jugador y están fuera de toda realidad humana, pero eso seguramente podremos tratarlo en otro artículo, simplemente aquí me interesa poner sobre el papel los factores que desde adentro del ajedrecista influyen o pueden influir con el tiempo en la falta de equilibrio o su desgaste nervioso.

La década de los setenta recogió la mayor parte de la producción de este artista del tablero. Y fue el año 1973, un año en donde pudo expresarse con mayor lucidez.

En 1973, Planinc estuvo dos veces en Holanda. La primera para participar en el 35º Torneo de los Altos Hornos que se disputó en Wijk aan Zee entre los día 16 de enero y 3 de febrero. El ganador de esta competición –que pasaba por un excelente momento de forma- fue Miguel Tahl, un jugador con estilo muy parecido, pero a diferencia de Planinec, con una gran formación típica de los jugadores Rusos y lógicamente un ex campéon del mundo, todavía Albin estaba muy lejos de entrar en comparaciones a pesar de los resultados de los últimos tiempos… En una nómina de nueve GMs entre los que él mismo se encontraba ya, seis IMs y un no titulado, el jugador de Ljubliana se colocó 4º/5º junto con el GM checo V. Hort, al que derrotó en su encuentro individual. También se anotó el punto frente a los GM Donner y Najdorf. Hizo lo propio con el segundo clasificado, el IM de la URSS Balashov que, en este torneo, realizó su primera norma para GM.

Después de aquel “deslumbrante” triunfo en Amsterdam 1973, 10 puntos sobre 15 posibles, empatado con el ex Campeón Mundial Tigran Petrosian su estrella comenzó a palidecer… Tuvo un “destello” muy celebrado al colaborar con el éxito de su equipo en la Olimpiada de Niza, 1974. Yugoslavia se “colgó” la plata (Gligoric, Ivkov, Ljubojevic, Velimirovic, Planinc y Parma, compusieron el equipo, muy interesante, el juego posicional de Gligoric, Ivkov y Parma, con el talento táctico de Ljubojevic, Velimirovic y Planinc!!!) y de su actuación particular en el 4º tablero obtuvo 111/2 puntos en las 15 partidas (+9 =5 -1).

Los resultados por debajo del 50%, empezaron a aparecer  en 1973, en el Torneo de Madrid sólo obtuvo 6.5 de15 posibles y el 10º lugar de una clasificación que tenía  12 GMs en su nómina, pero quién no ha tenido años malos, recuerdo jugando a Geller en el año 1992, en Estambul con un ELO muy por debajo de su comprensión ajedrecística no llegaba a los 2500, pero todos los jugadores nos sentábamos a su lado en los análisis para que nos mostrara su gran riqueza de ideas y posibilidades de la posición, según su punto de vista…El mismo Vlastimil Hort me comentaba en esos años, tu eres Gran Maestro cuando de 100 partidas al año, logras jugar 40 como Gran Maestro, nadie puede serlo todos los días…salvo lógicamente algunos de los mejores del mundo y por un determinado tiempo.

    Pero algo mejoró ese porcentaje al aprovechar su segunda invitación para el Torneo de Altos Hornos en Wijk aan Zee, 1974, y lograr 9 de 15 compartió la 3ª/5ª posición con sus colegas Matulovic y Hecht.

    Sin embargo, los resultados “pobres” aparecieron con demasiada frecuencia en sucesivas actuaciones. Desde la Olimpiada de Niza hasta su “retirada” al final de los años 70, no podía superar el 60% de la puntuación posible en las quince competiciones que se han contabilizado. Precisamente este fue su logro en Hastings 74-75 (9 puntos en 15 partidas) la primera vez que jugaba en las Islas Británicas donde, además, consiguió una contundente victoria sobre Vaganian en un momento crítico del desarrollo del torneo, pero sin duda el año 75, fue un gran fracaso, no tuvo buenas partidas, perdió con varios de los jugadores que había vencido con anterioridad, tenía problemas para lograr ventaja en la apertura con las piezas blancas, sufría con las negras el camino que había comenzado hacía pocos años de triunfos importantes parecía acabarse, no disfrutaba sin duda y sus partidas ya no tenían el colorido de antes, aparecía el ELO y el castigo por un año malo no eran ya los torneos en los que había jugado mal, sino también el castigo llegaba de su puntaje, que le impediría jugar torneos en los que su nombre podía contar, ahora lo que contaban eran las categorías de los torneos que se hacían con ELO, tal vez demasiada presión, y demasiada ansiedad por recuperar su juego, solo pararía un poco esa caída en el año 76, con algunos resultados aislados importantes, pero hasta su abandono del ajedrez en el año 79 (hay algunas partidas de los años 81, en mi base, pocas), ya iría cuesta abajo.

    Las últimas veces que tomó parte en los Campeonatos de Yugoslavia: el XXXII (Zagreb 1977), el XXXIII (Belgrado 1978) y el XXXIV (Bjelovar 1979) fueron, sin duda, decepcionantes para sus seguidores y, para él, probablemente, allí se dio cuenta que debía hacer muchos cambios en su manera de jugar, el mundo en esos años había cambiado, la teoría había cambiado, las ideas se estaban transformando y el desgaste físico que significa un torneo de ajedrez para un jugador imaginativo impide que pueda jugar a menudo y con buenos resultados, Intentó cambiar su repertorio y jugó buenas partidas, tanto con 1. B3 o el Ataque Indio de Rey pero sin duda sus mejores victorias venían con el juego dinámico que imponía con 1.e4, o jugando de contra ataque con defensas como la Indo Benoni, India de Rey, o la Ruy Lopez, el fantasma del ELO, cada derrota ya no era solamente el punto final sino también los puntos que se perdían, un factor más de desequilibrio, para una persona que lo había dado todo por su pasión y por su arte y ahora el arte le pedía cuentas…le tomaban examen en cada partida y todo eran puntos ELO muchas barreras para expresarse con libertad.

 

 

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